Oslo nos recibe con una suave llovizna

4B0A1321Una de las cosas que descubrimos en este viaje es lo agradable, económico y cómodo que es viajar por Europa en bus.
No es que no nos gusten los trenes, ya que realmente es un placer viajar en ellos, pero las ventajas de viajar en bus se hacen muy evidentes. Si son de dormir bien en el bus, nada más conveniente que cambiar una noche de hotel por una noche de bus para ir de un país al otro, el costo se abarata muchisimo, es menos de la mitad que un tren o un avión y al momento de realizar viajes de larga duración se convierte en un factor importante para usar el presupuesto en otras cosas. La tercera y poco conocida es que cada vez más empresas de bus están agregando comodidades para atraer clientes, entre ellas wifi gratis y los cada vez más presentes enchufes para poder recargar todos los gadgets que uno acarrea hoy en día. Y la cuarta, al menos para mí, es la posibilidad única de ir viendo todos los pequeños pueblos (y las ciudad también) por los que uno va pasando durante el viaje.

Volviendo a lo que nos ocupa, Oslo era un lugar en el mundo con el que veníamos soñando hace rato. Nuestra llegada fue muy particular, llegamos 5,30am y la espectacular terminal central (buses, trenes, subte) estaba casi desolada. Sabiendo esto de antemano arreglamos por un early check-in y por un hotel bien cerca de la terminal.
Nos fuimos caminando en el medio de la noche bajo una leve llovizna disfrutando la noche solo escuchando las rueditas de nuestras maletas en el asfalto. Cuando llegamos al hotel nos encontramos con el hermano perdido de Thor que no nos quería dejar entrar, después de pedirle que revise bien sus mails nos dejó pasar. Dormimos unas horas hasta que se hiso de día y salimos a recorrer.

Nuestro food tour, del cual pueden leer acá, arrancaba temprano y ocupaba gran parte de la zona centro de Oslo, por lo cual optamos por ir hacia el norte y conocer un poco el barrio de Hammersborg.
Nuestra primer parada fue la Iglesia de la Trinidad (Trefoldighetskirken) , con su espectacular cúpula y campanario. Luego pasamos por la catedral de San Olaf, más sencilla pero también con ese estilo gótico de ladrillo, que a mí particularmente me gusta muchísimo. Para los que disfrutan de recorrer iglesias, templos y catedrales, van a poder ver al menos tres más solamente en ese barrio.
Llegamos a nuestro destino, la callecita de Damstredet, una calle única en Oslo donde todas las casas que la ocupan son conservadas y fueron construidas entre 1810 y 1860. Un lugar imperdible de ver, ya que obviamente siguen habitadas y hasta se puede espiar por las ventanas si uno se anima. Así dicen las guías de internet… nosotros no nos animamos 😛
Era hora de volver al centro, donde recorrimos un poco su belleza (tanto de día como de noche) y disfrutamos del verde de la plaza Spikersuppa.

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El segundo día, tras tomar el bus 30, arrancó con uno de los lugares más raros que vi en mi vida. Las estatuas del parque Frogner.
En 1926 la municipalidad le encargó a Gustav Vigeland que cree una exposición permanente de estatuas dentro del parque Frogner. Fueron más de 15 años de trabajo y el resultado sorprende y asombra.
Casi 200 estatuas de cuerpos humanos, destacando el monolito central en donde se apilan 121 cuerpos en una altura de 17 metros. Sin dudas, un lugar único en el mundo.
Después de disfrutar y retratar cada una de estas estatuas seguimos camino a Bygdøy, zona de museos. Con mucha expectativa nos dirigimos al centro Nobel de la paz.
Un lugar que deja mucho que desear, en donde no hay demasiada información y que si no fuera porque fuimos gratis, seguramente hubiera resultado muy decepcionante para nosotros. Pensar que aquí estuvieron los ganadores de los premios de la paz y no verlo plasmado en el museo fue un chasco.
Era hora de cenar algo y volver al Comfort Hotel Boersparkek (muy recomendable, con un desayuno espectacular), para descansar un poco, ya que al día siguiente nos esperaban los increíbles fiordos…. Ahhhhhhhh cuanta ansiedad!!

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Fotógrafa apasionada del arte, los viajes, el buen comer, los colores y el surrealismo. Creando una mirada propia, disfrutando mucho mas estar detrás del lente expresando mi punto de vista sin palabras.

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